Me senté en la mesa del jurado de la segunda edición del concurso de pinchos de Barbadás, junto al ganador de MasterChef 5, Jorge Brazalez.
Hay invitaciones que una lee dos veces por si se ha equivocado de destinataria. La del Concello de Barbadás fue una de ellas: querían que formase parte del jurado de la segunda edición de Barbadás a Bocados, su concurso de pinchos.
Éramos cinco a la mesa. Miguel González Quintela, que había ganado De tapas por Galicia; la periodista Pilar Alonso; José Luis Oliveira, de Bo proveito; yo, y de invitado especial Jorge Brazalez, el granadino que acababa de ganar MasterChef. Él fue el primero en avisar de que no pensaba ponerse en modo programa: venía a dar algún consejo, no a apretar a nadie.
Desfilaron veintiún pinchos, tres más que el año anterior. Cada cocinero nos explicaba el suyo antes de que lo probásemos, y ahí es donde se ve todo: cómo lo cuentan, de dónde han sacado la idea, qué producto han ido a buscar. Después venía lo difícil, que es puntuar algo que alguien ha hecho con cariño delante de ti.
— Jorge Brazalez en Faro de Vigo, 16 de septiembre de 2017
Esa frase suya me la quedé. Porque es justo lo que llevo defendiendo desde que abrí este blog: que aquí se come bien en los bares, sí, pero también en las cocinas de casa, con una cazuela normal y sin ningún misterio.
De aquel día salí con una idea muy clara de lo que busco en un pincho: que se entienda de un bocado, que el producto se reconozca y que no haga falta que nadie me explique qué estoy comiendo. Con eso basta. Lo demás suele sobrar.
Gracias al Concello de Barbadás por contar conmigo, a los veintiún restauradores por dejarnos meter la cuchara y a Jorge por lo bien que se portó con la gente, que estuvo firmando y haciéndose fotos hasta el final.
